Artículo en Levante EMV de hoy
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Otros tiempos, estos tiempos
Salvador Regües
Eran otros tiempos. En los últimos días de 1966, hace cuarenta años, finalizó la primera vuelta del campeonato de liga en Segunda. El Levante suspiraba por retornar a Primera. Tenía un equipo competitivo con futbolistas de talla como los delanteros Pons, Bun y Wanderlei. Pero por encima de estos contaba con un portero de Cullera llamado Catalá. Un guardameta que mostraba una asombrosa seguridad bajo los palos y conseguía un auténtico récord: «la imbatibilidad de su portería en casa desde el inicio de liga». Ni un solo gol había encajado en la primera vuelta en Valencia. El hecho constituyó una marca singular. Y sigue a la espera de ser igualada.
Teníamos entonces veinte años. El fútbol no se interrumpía como en estos tiempos por vacaciones navideñas. Otros países, por ejemplo Inglaterra, nunca lo interrumpen. En ellos los aficionados disfrutan de su distracción favorita entre celebración y celebración de estas fiestas. En 1966 nosotros también teníamos la oportunidad de hacerlo. Después de tomar los turrones nos íbamos a Vallejo. Allí podíamos anotar en nuestra agenda el récord de Catalá. En una fría tarde de finales de diciembre.
Eran otros tiempos. El Levante pasaba por momentos delicados en su salud económica. Todavía estaban vigentes los pases de quince años, aquellos que ayudaron a la compra del campo en 1953 pero que hipotecaron sus ingresos durante tres lustros. Antonio Román presidía el club. Le agobiaban los numerosos pagos. Con la ayuda de Ramón Balaguer, el mejor secretario técnico que hemos conocido, confeccionó una plantilla modesta pero compensada. Los nuevos jugadores, recambios de varias figuras traspasadas como Ernesto Domínguez, no fallaron. Entre otros motivos porque Balaguer estudiaba a fondo cada fichaje. Conocía la vida y milagros de cada futbolista que contrataba, tanto en su aspecto deportivo como en el personal. Así subió al portero Catalá del At. Levante y trajo a Panchulo, Alfonso y Maestro como defensas, Egea, López-Hidalgo y Clavel como medios, y Héctor Núñez y Navarro Pareja como delanteros. Con ellos y los supervivientes de la anterior temporada, casos de los citados Pons, Bun y Wanderlei, el Levante logró un buen conjunto y hasta los últimos encuentros de la temporada disputó su candidatura de aspirante al retorno a Primera.
Eran otros tiempos y aunque no festejamos finalmente del ascenso, lo pasamos bien viendo jugar al equipo levantinista. Eran otros tiempos que recordamos ahora porque queremos revivir aquel final de año granota lleno de ilusiones y buen juego. Queremos escapar, huir de una actualidad que nos provoca inseguridades. No disfrutamos esta liga con el equipo granota. En casa sólo salimos contentos del partido ante el Deportivo y de la segunda parte frente al Barcelona. Fuera tuvimos mejores sensaciones, hasta que obligaron a los componentes de la «Santa Inquisición» levantinista -Ricardo Chover, Ernesto Calpe y Manolo Salvador- a estar presentes en los desplazamientos. Dejaron sus tareas habituales y viajaron a Tarragona y Pamplona. Con su presencia, con su espada amenazando el futuro del entrenador, propiciaron que el Levante fuera un horrible Levante, parecido al de la temporada anterior cuando también viajaron a Málaga y Almería. Cuando comprobaron entonces el desquiciamiento de un equipo bajo su atenta mirada que acabó dictando el cese de José Luis Oltra.
Son estos tiempos, los de buscar la coartada del equipo técnico para dejar en evidencia al ocupante del banquillo. A buenas horas habría aguantado semejante presión Vicente Morera, entrenador levantinista en la temporada 1966-67. A buenas horas habría fichado Ramón Balaguer lo que se ha fichado. Menuda diferencia existe. Hoy en día el entrenador de un equipo de fútbol siempre está cuestionado y bastantes jugadores llegan al club sin apenas datos contrastados.
Son estos tiempos, en los cuales no sabemos en el último día de 2006 si López Caro terminará enero de 2007 dirigiendo al Levante. Salvó la cita de Pamplona, a pesar de la derrota. Le ganó la partida a Pedro Villarroel. No le asustó el temible inicio de año que le viene encima: jugar ante tres equipos recuperados, Racing, Valencia y Athletic de Bilbao, y ante dos gallitos a continuación, Sevilla y Real Madrid. Al ex presidente quizás sí le achicó el panorama. Quizás temió el desastre. Quizás por eso se marchó pasando el testigo al consejero Julio Romero -que, por cierto, bienvenido sea-.
Son estos tiempos, que nos quitan el sueño. Y que nos llevan a refugiarnos en el pasado evocando el récord del portero Catalá. Sólo así se nos cierran los ojos y dormimos como granotas benditos.