Emotivo articulo sobre Campuzano
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Este artículo de Regües ha salido hoy en Levante E. M. V.
CAMPUZANO, OTRO JUGUETE ROTO
En 1966, después de recibir el respaldo popular y crítico por películas como “Del rosa al amarillo” o “La niña de luto”, el director de cine Manolo Summers se embarcó en su proyecto más ambicioso: “Juguetes rotos”. En él hizo desfilar por la pantalla a personajes caídos desde la cima de la fama al suelo del olvido. Quiso dar a conocer unas lamentables situaciones repetidas con demasiada frecuencia. Esperaba que la presencia del futbolista Guillermo Gorostiza, el torero Nicanor Villalta o el boxeador Paulino Uzcudum, entre otros, llevando una triste, precaria y solitaria existencia, sensibilizaría al espectador. Consiguió redondear una interesante realización, reveladora y muy elogiable, acogida con entusiasmo por los cinéfilos de pro. Pero no registró colas en la taquilla. Al público de entonces, al igual que al de ahora, no le gustaba que el cine le sacara los colores por sus pecados. Pasaron de Summers y convirtieron su mejor aportación al cine en algo que cayó muy pronto, como sus protagonistas, en el pozo del abandono y la indiferencia. El animoso director perdió el comprometido entusiasmo que le impulsaba, renegó de sí mismo, y a partir de entonces se dedicó a ofrecer vulgaridad y grosería en sus realizaciones. La crítica le vapuleó sin piedad, pero él se limitó a ignorarla mientras contaba billetes de banco sin parar.
Ni han sido, ni son, ni serán bien recibidos los “juguetes rotos” del espectáculo y el deporte. La mayoría de la gente mira hacia otro lado cuando se tropieza con alguno de ellos. Estamos seguros de que, con toda la culpabilidad propia que pueda tener, Campuzano coincidiría bastantes veces con gente del fútbol. Con aquellos que le pidieron autógrafos cuando terminaba un partido en el que había destacado por su velocidad, zancada y remate a gol. Con aquellos que compartieron vestuario, viajes, alegrías y penas en ligas y copas futboleras. No sabemos, desconocemos si solicitó ayuda, pero a la vista está que no la tuvo. Al menos la suficiente para encarar sus despertares mañaneros con esperanza.
Ha tenido que intentar matarse para que parte del mundo del fútbol valenciano, poca por cierto y ninguna del club granota, le haya vuelto a tener en cuenta. Nosotros creemos que aunque sea sólo por agradecimiento deberíamos apoyar iniciativas a su favor. Sí, porque al recordar sus actuaciones revivimos ratos muy gratos y triunfos levantinistas. Nos hizo felices en numerosas ocasiones y no le dimos nada. Como otros futbolistas que alegraron nuestras tardes futboleras y no sabremos, salvo que hagan locuras como Campuzano, si se encuentran también en situaciones semejantes.
Jugó dos temporadas en Segunda División con el Levante. En la primera, la 1979-80, destacó poderosamente como extremo izquierdo, con su alta y desgarbada figura desbordando defensas y goleando con relativa facilidad. En la segunda tuvo de compañero al as holandés Johan Cruyff y siguió progresando a su lado. Al finalizar el campeonato fue traspasado al Sporting de Gijón que estaba en Primera División con un conjunto de lujo en el que brillaban con luz propia los Castro, Cundi, Joaquín, Mesa y Enzo Ferrero.
Vicente Latorre, que ahora se ha movilizado con la bondad que le caracteriza a favor de Campuzano, en aquella temporada 1980-81 inició su carrera de jugador en el primer equipo del Levante teniéndolo de compañero. Sabemos que intentará lo imposible para apoyarle en estos momentos. Como lo hará José Enrique Sanchis, también excompañero suyo en el Olimpic de Xativa, donde terminó Campuzano su carrera de futbolista. José Enrique es de las personas que vale la pena conocer. Es un buen amigo y su amistad, como la de Vicente Latorre, es de las que ayuda a llenar el depósito de ganas de vivir. Que entre los dos, con la colaboración de otra buena gente, se lo llenen a Manolo Campuzano, le ofrezcan un homenaje a la vida y celebren pronto su recuperación y salida del grupo de “juguetes rotos”.
Si así sucediera suponemos que hasta los indiferentes dirigentes levantinistas de hoy en día, esos que aparentan pasar del tema agobiados en la búsqueda de soluciones a los sangrantes problemas del club, que siguen encadenados a sombras villarroelistas y oscuridades contables, también se alegrarían.
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