CON TODO RESPETO SR. GOMEZ ENTRENADOR DE NUESTRO FILIAL



  • Esto es algo que hace tiempo vengo hilando aunque no sé si será correcto o no, en fin, lo postulo fríamente: "el Sr. Gómez es un ser incapaz de crear". Cuando nos rendimos en la vida, cuando nos dejamos llevar y sabemos que lo que estamos haciendo es totalmente lo contrario a lo que deberíamos, creo que eso lo graba nuestro fiel “enemigo” el subconsciente y más tarde (en los momentos más inesperados), saca a la luz esos sentimientos…los reprimidos...
    En múltiples ocasiones nos topamos con situaciones en las que nos decimos: “Soy incapaz, no puedo con esto”, dejamos pasar las cosas para ver qué ocurre sin poner de nuestra parte, sin esforzarnos en descubrir “qué puede pasar si lo intento de nuevo”...
    La rutina no es hija de la experiencia. La una es fecunda y estéril la otra.
    La Rutina, síntesis de todos los renunciamientos, es el hábito de renunciar a pensar. En los rutinarios todo es menor esfuerzo; la acidia (pereza) aherrumbra (oxida) su inteligencia. Cada hábito es un riesgo, porque la familiaridad aviene a las cosas detestables y a las personas indignas. Los actos que al principio provocaban pudor, acaban por parecen naturales; el ojo percibe los tonos violentos como simples matices, el oído escucha las mentiras con igual respeto que las verdades, el corazón aprende a no agitarse por torpes acciones.
    La experiencia contribuye sensiblemente a la sabiduría.
    Las virtudes humanas fundamentales son, desde Aristóteles, las siguientes: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la simulación Conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.
    La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a cada uno lo que les es debido. y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común. La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir la pasión de su corazón.
    Los hábitos buenos -las virtudes- consiguen que se vaya estableciendo el predominio de la inteligencia en la vida del espíritu. Los vicios dispersan las fuerzas del hombre, mientras que las virtudes las concentran y las ponen al servicio del espíritu. La persona que es perezosa, que tiene el vicio de la pereza, puede fijarse, quizá, propósitos estupendos, pero es incapaz de cumplirlos: su espíritu resulta derrotado por la pereza, por la resistencia del cuerpo a moverse. Sorprendentemente, no basta con proponerse una cosa para ser capaz de vivirla: ¡qué difícil es dejar de fumar o guardar un régimen de adelgazamiento! No basta una primera decisión.

    Tomas.



  • Ostia me has dejado de piedra D.Tomas,pero no he pillado ni una.

    AMUNT LLEVANT!!!!!!


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