Post para meditar
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@rana-baileys interesante tema...
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Hay una frase atribuída al maestro Eckhart, místico dominico alemán del siglo XIII : "nada hay más parecido a Dios que el silencio".
Más o menos todos podemos entender el sentido de esas palabras; estar o no de acuerdo, pero entenderlo.
Un existencialista ateo diría lo mismo: el ser humano grita, se pregunta, se angustia ante la inmensidad y como respuesta obtiene silencio.
No hay nadie que responda? No lo hay, y con casi absoluta certeza, porque no hay nadie.
Un cristiano, sin necesidad de ser Eckhart, "escucha el silencio" y en él reconoce un misterioso pero perceptible lenguaje: está ahí, habla de esa forma.
Qué nos une? Pues nos une todo; somos el mismo ser que desde su gigantesca pequeñez, se pregunta el por qué de todo.
No nos cruzamos en un camino en el que unos van y otros vienen. Vamos todos en el mismo sentido, sin saber muy bien hacia dónde, sin saber si más allá del horizonte hay otro paisaje por descubrir. No es tan importante eso.
Lo verdaderamente importante es que somos compañeros de viaje. -
Es de noche y todo se calmó, todo ruido se apagó.
El cielo es un techo oscuro donde tiembla la luz de alguna estrella solitaria a la espera de que alguien la vea y se pregunte por qué está ahí.
Es momento de soñar alguna respuesta, porque la vigilia no es tiempo de sueños. Mejor la noche con sus historias fantásticas de luciérnagas que rondan los límites de la fantasía y la imaginación.
Es todo un sueño que nos ha cobijado como una madre amorosa desde donde alcanza la memoria? Realmente estoy soñando a los demás, o me sueñan ellos a mí?
Sueño con valles frondosos o simplemente soy una sombra efímera en algún rincón de esa frondosidad?
Y si todo esto es un sueño, habrá un despertar?.
Quizá somos un universo onírico que es feliz en un cosmos de algodones y realmente no desea despertar. -
He tenido el placer de leer estos días un par de ensayos de Nazareth Castellanos, una física y neurocientífica que dedica parte de su tiempo a la divulgación de ese órgano tan fascinante que es el cerebro.
Lo traigo a este post por una de las ideas que se me han quedado más grabadas. La meditación y la propia oración no son para nada exclusivas de personas religiosas o creyentes en el sentido más estricto del término. No es que para mí fuera un descubrimiento extraordinario, porque siempre lo he pensado, pero cuando lo lees con la autorizada argumentación científica, lo observas en toda su amplitud.
No es mi intención hacer un resumen, simplemente anotar el tema, subrayando los grandes beneficios que para la mente y para el cuerpo tiene esta práctica, que repito una vez más, no es sólo cosa de personas religiosas.
Hay otra cosa que en el fondo no difiere mucho de lo anterior, también abordada por sus investigaciones, y que entronca con otra de mis pasiones: la música. Tanto la interior como la exterior. Me atrevo a decir que somos lo que nuestra música es. La que escuchamos y la que sentimos.
Bueno, esto da para mucho, pero baste con lo dicho, y ya si eso podemos aterrizar en cuestiones más concretas, quizá en otro momento y lugar.
Que pasen un buen día
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"En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial."
Mateo 18, 1-5.10.12-14