Pues el chorro de horas en bus para ir a Jerez quedó más que compensado con la infinita alegría del ascenso.
De lo mejor que he vivido en el fútbol. Todavía me acuerdo de cuando nos marcaron el primer gol y la rabia con la que reaccionamos todos los que nos desplazamos reforzando los gritos de ánimo al equipo. Joer, si es que me emociono sólo de recordarlo.
El empate sólo hizo elevar los cánticos de ánimo, y el gol de Rivera… vamos, lo máximo que he vivido en mi vida.
Desde el césped lloré al móvil hablando con mi padre que estaba en el pabellón de Sedaví con mi hermana. Bueno, lo de hablar es un decir, porque con los pucheros que llevábamos los dos apenas se entendían las palabras, pero el sentimiento se podía tocar pese a los kilómetros de distancia.
Después, decenas de mensajes a mi móvil de amigos y familiares. El ser un granota de toda la vida marca. Me llegaron a llamar amigos que hacía años que no veía porque se acordaban del único granota que había en la clase y que hablaba orgulloso de su equipo aunque estuviéramos en 3ª.