He tenido el placer de leer estos días un par de ensayos de Nazareth Castellanos, una física y neurocientífica que dedica parte de su tiempo a la divulgación de ese órgano tan fascinante que es el cerebro.
Lo traigo a este post por una de las ideas que se me han quedado más grabadas. La meditación y la propia oración no son para nada exclusivas de personas religiosas o creyentes en el sentido más estricto del término. No es que para mí fuera un descubrimiento extraordinario, porque siempre lo he pensado, pero cuando lo lees con la autorizada argumentación científica, lo observas en toda su amplitud.
No es mi intención hacer un resumen, simplemente anotar el tema, subrayando los grandes beneficios que para la mente y para el cuerpo tiene esta práctica, que repito una vez más, no es sólo cosa de personas religiosas.
Hay otra cosa que en el fondo no difiere mucho de lo anterior, también abordada por sus investigaciones, y que entronca con otra de mis pasiones: la música. Tanto la interior como la exterior. Me atrevo a decir que somos lo que nuestra música es. La que escuchamos y la que sentimos.
Bueno, esto da para mucho, pero baste con lo dicho, y ya si eso podemos aterrizar en cuestiones más concretas, quizá en otro momento y lugar.
Que pasen un buen día